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Cuando alguien desaparece: El ghosting a la luz de la Palabra

En tiempos donde todo es rápido, hasta las relaciones humanas parecen desechables. El ghosting, cuando alguien corta la comunicación sin explicación ni despedida, se ha vuelto tan común que muchos lo ven como algo normal. Vivimos en un mundo cada vez más frío y vacío, donde desaparecer de la vida de alguien sin decir nada parece ser una opción atractiva.

Quise escribir este devocional pensando en todos los que han pasado por esto, porque si alguna vez te han ghosteado, sabes que el silencio muchas veces deja una herida abierta. En lo personal, nunca me ha gustado ghostear a nadie. No porque no me hayan dado motivos, sino porque sé lo que se siente. Por eso, si tengo un conflicto con alguien, prefiero hablarlo con respeto y claridad. Y si debo alejarme por x o y razón, lo explico con amabilidad. Incluso cuando siento que la otra persona «no lo merece», creo que estamos llamados a reflejar a Cristo en todo momento. Estoy segura de que a Dios no le agrada que actuemos con frialdad o indiferencia.

Quiero aclarar también a qué tipo de ghosting me refiero en este devocional. Estoy hablando de esas situaciones en las que sí podemos tener una conversación con la otra persona, pero preferimos desaparecer porque resulta más fácil. No estoy hablando de situaciones en las que alguien es agresivo, te amenaza o existe alguna razón para pensar que acercarte puede ponerte en peligro. En esos casos, tomar distancia puede ser necesario y no tienes que exponerte para tener una conversación cara a cara.

Dios nos creó a Su imagen

Todos los días pecamos contra Dios y, aun así, Él sigue llamándonos a volver a Él y nos ofrece perdón. Dios desea tener una relación con nosotros y abrió el camino para que pudiéramos reconciliarnos con Él. Si Dios sigue acercándose a nosotros aun cuando le fallamos, creo que nosotros también podemos estar dispuestos a hablar cuando alguien nos falla.

Dios nos creó a Su imagen (Génesis 1:27), y eso también debería influir en la manera en que tratamos a las personas cuando estamos molestos con ellas. A veces alguien hace algo que nos lastima y nuestra primera reacción es alejarnos. El problema es que quizás esa persona ni siquiera sabe lo que hizo. Puede haber un malentendido, puede estar dispuesta a pedir perdón o quizás quiera arreglar las cosas. Si desaparecemos sin decir nada, tampoco le damos la oportunidad de hacerlo.

Jesús enseñó: «Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos» (Mateo 18:15). Hay conversaciones que son incómodas, pero a veces tenemos que tenerlas. Decir «esto que hiciste me lastimó» requiere más valentía que dejar de contestar mensajes, pero también puede evitar que una relación termine por algo que quizás podía resolverse. Efesios 4:15 también nos llama a decir la verdad en amor. Podemos ser honestos sin ser crueles.

La Biblia también nos llama a buscar la paz con los demás. Romanos 12:18 dice: «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres». Me gusta que el versículo diga «si es posible» y «en cuanto dependa de vosotros», porque reconoce que no siempre tendremos control sobre el resultado. Podemos acercarnos a la persona, explicar con respeto lo que ocurrió y darle la oportunidad de responder. También podemos escuchar lo que tenga que decir y reconocer nuestra parte si nosotros hicimos algo mal. Después de eso, no podemos controlar cómo reaccionará, si reconocerá lo que hizo o si estará dispuesta a arreglar las cosas. Esa parte ya no depende de nosotros.

Pero siempre existe la posibilidad de que esa conversación abra la puerta a la reconciliación. Incluso puede ser que una relación que pensábamos terminar todavía pueda repararse.

Claro, esto cambia cuando ya hablaste. Si le explicaste varias veces a una persona lo que estaba pasando, pusiste límites y aun así continúa haciendo lo mismo, no tienes que seguir repitiéndote indefinidamente. La Biblia reconoce que hay personas que se niegan a recibir corrección (Proverbios 9:7–8). Si ya fuiste claro, la otra persona sabe por qué estás tomando distancia. Lo mismo ocurre cuando intentas hablar y no quiere escucharte. No tienes que perseguir a nadie para obligarlo a tener una conversación contigo. Tú puedes hacer tu parte, pero al final su respuesta le corresponde a esa persona.

Muchas veces nos da miedo el conflicto, estamos molestos o pensamos que no le debemos explicaciones a nadie. Puede parecer mucho más sencillo dejar de responder que sentarnos a hablar de algo incómodo. Pero nuestra manera de manejar esos momentos también forma parte de nuestra vida cristiana. Jesús trataba a las personas con dignidad. Se detenía a escucharlas, les enseñaba y hablaba con amor. También sabía cuándo guardar silencio y cuándo alejarse, pero nunca trataba a alguien como si no tuviera valor.

Para quien fue ghosteado sin explicación

Ahora está la otra parte de esta historia. Cuando un familiar o una amiga (o amigo) me ha ghosteado, muchas veces me he quedado pensando: ¿Le hice daño? ¿Dije algo mal? Incluso he orado: «Señor, si le fallé a esa persona, perdóname». A veces uno está emocionado por una amistad que parecía genuina y, de repente, «coquí», silencio. No sabes qué pasó, así que empiezas a repasar conversaciones intentando encontrar una explicación.

Examinar nuestro comportamiento no está mal. Si descubrimos que hicimos algo que lastimó a otra persona, podemos reconocerlo y pedir perdón. Pero también existe la posibilidad de que no hayas hecho nada. Hace poco escuché una enseñanza de Yesenia Then en la que decía: «A veces, usted no le ha hecho nada a ciertas personas… Y uno se queda pensando: “¿Qué fue lo que yo hice?” Pero hay cosas que no tienen lógica humana… son espirituales».

No siempre sabemos lo que está ocurriendo en la vida o en la mente de otra persona. Puede estar lidiando con heridas, pensamientos, decisiones o problemas que desconocemos. También sabemos, como nos recuerda Efesios 6:12, que nuestra vida espiritual incluye luchas que van mucho más allá de lo que podemos ver. Por eso, no tenemos que asumir automáticamente que alguien desapareció porque nosotros hicimos algo mal.

Quizás intentaste comunicarte y preguntaste qué ocurrió. Tal vez preguntaste directamente si hiciste algo que le molestó y nunca recibiste respuesta. En algún momento tienes que aceptar que no puedes obligar a alguien a hablar contigo. Puedes examinar tu corazón delante de Dios y estar dispuesto a pedir perdón si hiciste algo. Incluso puedes dejar abierta la posibilidad de una conversación futura. Después de eso, la decisión de responder ya pertenece a la otra persona. Aquí vuelven a tener sentido las palabras de Romanos 12:18: «en cuanto dependa de vosotros».

Puede que nunca recibas la explicación que querías, y eso puede doler mucho especialmente cuando se trata de alguien que era importante para ti. Salmo 27:10 dice: «Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá». Puedes llevarle a Dios las preguntas que esa persona nunca respondió y pedirle que te muestre si hay algo que necesitas aprender de lo ocurrido. También puedes dejar con Él aquello que nunca llegaste a entender.

No recibir una explicación tampoco significa que tengas que quedarte esperando para siempre. Puedes perdonar y continuar con tu vida sin guardar rencor. Si algún día esa persona regresa queriendo hablar, podrás decidir con sabiduría qué hacer y qué lugar puede tener nuevamente en tu vida. Perdonar tampoco obliga a reconstruir una relación exactamente como era antes.

Al final, creo que ambas personas tienen algo que considerar. Si estás pensando en desaparecer de la vida de alguien, pregúntate si primero necesitas tener una conversación. Tal vez esa persona ni siquiera sabe qué pasó y merece la oportunidad de responder. Si eres quien se quedó sin explicación, puedes examinar tu corazón, hacer lo que esté en tus manos y aceptar que no puedes controlar lo que la otra persona decida hacer. Algunas relaciones podrán reconciliarse y otras terminarán. En cualquiera de los dos casos, seguimos siendo responsables de la manera en que tratamos a las personas y de reflejar a Cristo, incluso cuando las relaciones se complican y el botón de «block» empieza a parecer bastante atractivo.

Photo by Sanket Mishra on Unsplash

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One response to “Cuando alguien desaparece: El ghosting a la luz de la Palabra”

  1. Ramon Avatar
    Ramon

    Dios te bendiga mucho. Gran mensaje, que el Espíritu Santo te guíe en todo momento.

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