«Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes».
— Santiago 4:8 (NBLA)
A veces pensamos que pasar tiempo con Dios requiere la escena perfecta: una Biblia abierta, café caliente, música instrumental suave y una hora sin interrupciones. Pero esa idea, aunque bonita, no es la única forma de encontrarse con Él. La realidad es que, si esperamos el “momento ideal” para buscar a Dios, tal vez no llegue nunca.
La vida real no siempre se acomoda a nuestro plan: hay días agitados, tareas que parecen no acabar, o momentos en los que simplemente no tenemos energía mental para más. Pero eso no significa que Dios esté lejos ni que nuestro tiempo con Él deba ser cancelado. Tiempo con Dios puede ser tan sencillo como una caminata mientras escuchas la Biblia. Puede ser una conversación sincera con Él mientras cocinas, limpias la casa, haces ejercicio o conduces hacia el trabajo. Puede ser leer un versículo y meditar en él mientras realizas alguna tarea. No necesitas una silla especial ni una vela encendida para que Dios te escuche.
¿Sabes lo más hermoso? Que Dios no está esperando tu perfección; está esperando tu presencia. Quiere caminar contigo en lo ordinario y también encontrarse contigo en lo profundo. Y lo sorprendente es que, cuando lo invitas a tu día común, muchas veces Él te regala esos momentos especiales y largos que tanto anhelas.
No dejes que la espera por lo perfecto te robe lo posible. Invita a Dios a lo cotidiano, y pronto descubrirás que su presencia transforma cualquier momento en sagrado.
¿Y si hoy simplemente empezaras con un “Señor, aquí estoy”? A veces, eso es todo lo que se necesita para acercarte a Él… y sentir que Él ya estaba contigo todo el tiempo.
📸 Foto tomada por Ramón Sánchez
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